21 enero 2018

Mes de escritura: Día 3: Vela


Vela

Lord Henry bajó del caballo delante de la puerta de la casa. La noche era cerrada, muy oscura, las nubes no dejaban pasar la luz de las estrellas ni de la luna, pero no llovía. El viento gélido hacía bailar el pelo negro y algo largo del caballero. Ató al caballo frente a la puerta y llamó con los nudillos, que se protegían del frío en unos negros guantes de cuero.
La puerta se abrió y un hombre joven apareció al otro lado, sosteniendo una vela en una mano, para mirar en la oscuridad.
-Lord Henry, sois vos. Pasad, os estaba esperando -dijo con aterciopelada voz.
La estancia estaba oscura, pero era cálida. Aunque a Lord Henry le hubiera gustado encontrarse con una chimenea, agradeció el calor que guardaban esas cuatro paredes. La única luz procedía de la vela que portaba el joven.
-Muchas gracias, Richard -dijo el caballero mientras se quitaba los guantes-. No sabes cuánto puedo agradecerte el favor que me estás haciendo.
-No tenéis que darme las gracias, milord. Os lo debo. Permitidme que os guarde el abrigo.
Cuando Lord Henry se hubo deshecho de sus ropas de invierno, se mantuvo de pie, mirando la llama de la única vela que iluminaba el interior de la pequeña casa, situada sobre la mesa central de madera.
-¿Queréis algo de comer? ¿O un vino, quizás? También tengo un whisky, si lo deseáis. Hace frío esta noche -ofreció el joven Richard.
-No hace falta, gracias. Me basta con protegerme esta noche, simplemente necesito dormir.
-De acuerdo, milord. Tenéis la cama preparada en esa habitación -dijo señalando la puerta que se encontraba a la izquierda-. Yo me quedaré aquí, por si necesitáis algo.
El lord se acercó al pequeño cuarto y divisó la estancia en la penumbra.
-¿Me permites la vela, Richard?
-Por supuesto, milord. Tomadla. 
Lord Henry entró con la vela en el cuarto y cerró la puerta, dejando a Richard sumido en la oscuridad. Se desvistió mientras contemplaba la vela que había dejado en el suelo. Había sido un día largo y cansado, pero el día siguiente parecía amenazar con ser peor. Necesitaba dormir para poder huir de ahí cuanto antes. Pronto se darían cuenta de que había sido él quien había matado a la joven Lady Nest. Madrugaría para desaparecer del condado al amanecer.
Se tumbó de costado sobre el camastro, mirando fijamente la vela hasta que el cansancio y sus preocupaciones le acabaron sumiendo en un profundo sueño.

20 enero 2018

Mes de escritura: Día 2: Pájaro


Pájaro

Pedro entró en la casa detrás de Amelia. La mujer, que era ya mayor, andaba despacio, y a Pedro le incomodaba esa lentitud. Atravesaron el gran salón y accedieron al patio interior de la casa. Se trataba de una maravilla visual propia de Andalucía, todo colmado de flores y enredaderas. Amelia se acercó a una mesita y cogió un libro grande y pesado. Aves exóticas y cómo cuidarlas, decía el título en grandes letras doradas. Pedro se fijó en que un bonito canario amarillo miraba la escena curioso desde una jaula situada en un lateral del patio. Se acercó al canario y lo contempló, admirando su belleza natural.
-¿Cómo se llama? -preguntó.
-Kati -respondió la anciana, acercándose-. Nunca canta.
Pedro se sintió triste por el pájaro. ¿Cómo podía ser que pasara su vida entre esos barrotes? Los pájaros debían vivir libres, surcar los cielos.
-No me gusta que esté en esta jaula -dijo.
-¿Dónde va a estar sino? Se escaparía.
-Quizá eso fuera lo mejor -dijo el joven.
-No sabes lo que dices. Ese pájaro lleva viviendo conmigo siete años, desde que murió mi Antonio.
-Siete años encerrado en una jaula. Es triste.
-Así es la vida, hijo -dijo la anciana-. Mira, este es el libro que te dejó Felipe. ¿Quieres tomar una Coca-Cola?
-No, gracias.
-Bueno, me voy al salón. Puedes quedarte todo el tiempo que quieras, muchacho, mi casa es tu casa.
-Muchas gracias, doña Amelia.
La anciana, mientras se iba al salón andando lentamente, se paró en seco para mirar a Pedro a la cara.
-Nada de doña, hijo. Llámame Amelia.
-Vale, Amelia. Me quedaré aquí, leyendo un rato.
Pedro se sentó en una silla que había situada al lado del canario y contempló cómo el pájaro, encerrado, simplemente vivía.


19 enero 2018

Mes de escritura: Día 1: Huella

No sé si seré capaz de cumplir con este reto que me propongo a mí mismo, pero voy a intentarlo. Se trata de escribir durante 30 días, cada día con una de las siguientes palabras como idea general:


Huella

-No tenemos ninguna pista -dijo la inspectora Swell mirando a su alrededor.
El bosque era inmenso y el olor a putrefacción del cadáver se disimulaba con el olor de la naturaleza. Estaban rodeados por varias hectáreas de árboles que crecían altos hacia el cielo, apenas dejando pasar unos pocos dorados rayos de sol que iluminaban el lugar del crimen. Sobre el suelo, el cuerpo inerte de la señorita Bay descansaba sin prestar atención mientras los gusanos y las moscas lo devoraban lentamente.
Olivia Bay había sido una muchacha introvertida, buena y de sonrisa triste que nunca había hecho daño a nadie. ¿Cómo podía haber acabado en esa situación?
-Inpectora, este corte parece haberse realizado con un arma blanca: un cuchillo o quizás una navaja -dijo el subinspector Richard Tan-. Podríamos empezar por ahí.
La inspectora Swell suspiró antes de responder.
-Richard, te lo he dicho siempre. Primero, fíjate en el entorno. Él nos dará las primeras pistas. El cadáver es lo último en lo que debemos fijarnos, después de habernos hecho una idea de la situación.
-Tiene razón, inspectora. Lo siento.
-Menos sentirlo y más observar. Pronto te tocará estar en mi lugar.
Richard miró a su alrededor. Había tantos árboles, tan cercanos unos de otros, que era muy difícil ver algo que no fuera bosque. El suelo estaba plagado de hojas, ramas y barro. De pronto, Richard pareció ver algo y se separó unos pasos de la escena del crimen. Allí, al lado de una rama gruesa, había una huella. Un zapato grande, probablemente una bota de montaña, talla 43 o 44.
-Inspectora -llamó-. Creo que he encontrado algo.
La inspectora Swell se acercó y contempló con curiosidad la huella, sin acercarse demasiado.
-Saca una foto y mándala al departamento de investigación. Ya tenemos algo con lo que empezar.
Richard Tan ya no estaba escuchando. Se había quedado absorto mirando la rama que estaba situada al lado de la huella. Sobre ella esperaba, como queriendo ocultarse, un pequeño trozo de tela que parecía ser de una camisa de cuadros. Y ese pedazo de tela estaba, curiosamente, manchado de sangre.
-Y... ¿con este trozo de tela ensangrentado no hacemos nada, inspectora? Porque creo que nos podría llevar al asesino.

18 enero 2018

Rodéate de gente creativa: Lara Morello -Tal Vez - A-Land Music

La creatividad es algo que se contagia, como la alegría o el aburrimiento (¿a quién no le da sueño ver a alguien bostezar?), por ello, es importante rodearse de gente creativa si quieres ser uno de ellos. Esto es algo que he intentado poner en práctica siempre, y creo que no lo he hecho nada mal.

Creo que la gente creativa tiene la necesidad de juntarse entre sí, de generar entre ellos un vínculo donde la creación cobra mucha importancia. No es raro que, entre creativos, surjan nuevas ideas y proyectos. Quizá muchos de esos proyectos no se lleven a cabo, pero, en ocasiones, la creatividad supera a la falta de tiempo y a las obligaciones para dar como resultado proyectos geniales.

Este es el caso de Javier Alegre, de A-Land Studios y antiguo compañero de la universidad, y Lara Morello, cantante mostoleña a la que llevo siguiendo desde 2012. Juntos, y con la colaboración de mi blog de música, Indielocura, han sacado un vídeo de lo más especial, donde se mezcla el cine con la música en directo. Un vídeo espontáneo, natural y muy bonito que quiero que veas.

Rodéate de gente creativa. Métete en proyectos nuevos. Como diría mi amiga Julia, cree en lo imposible y créalo.

29 diciembre 2017

Hasta nunca, 2017


Se va el 2017, y como intento hacer todos los años, quiero hacer un recorrido de lo que ha pasado este año en mi vida y lo que puedo aprender de ello.

Este 2017 ha sido muy intenso y en gran parte ha sido difícil, no voy a mentir. Para qué mentir, si es mi blog y no me lee nadie. Para qué mentir, si en realidad quiero escribir sólo para mí mismo. Menudo año ha sido este. Tres trabajos, dos casas y poco que se me haya quedado en la mente. Mucho dolor, por desgracia. Porque hay muchas cosas que me cuestan. Pero he sabido pedir ayuda a tiempo y, por suerte, termino el año muchísimo mejor que como lo empecé.

También he ido al FIB, y este año, aunque lo he disfrutado, no ha sido tan bueno. Ha estado cargado de un intento de disfrutar calmadamente la música, cosa difícil en un festival de tal envergadura. Pero el resto del verano, a pesar de que gran parte la pasé en Madrid, fue muy guay.

He escrito, sí, y tengo la enorme alegría de haber terminado Hasta que la muerte nos reúna. Qué le deparará a ese libro aún no lo sé. Lo que sí sé es que mis versos han cambiado, que no escribo igual que lo hacía hace un par de años y que cada vez mi poesía se ha tornado más oscura y tenebrosa porque así ha estado mi mente, así ha estado mi corazón. Lleno de tinieblas.

He leído mucho, no voy a negarlo. He superado con creces mi reto de 30 libros que me propuse en Goodreads, por lo que he conseguido leer una media de tres libros al mes. No está nada mal. A ver si para el año que viene, el 2018, me propongo leer 50. Me parece muy complicado, pero creo que podría hacerlo: sólo es cuestión de organizarse el tiempo.

He seguido haciendo meditación. O quizá lo he retomado.

Este año he conocido a gente maravillosa que me ha llenado la vida de alegría, cuando he estado en el pozo más profundo y oscuro que podáis imaginar. He forjado y afianzado también una amistad que brotaba a principios de año y que es ahora el árbol más fuerte del bosque. Puedo decir sin miedo a equivocarme que mi mejor amiga es la mejor amiga del mundo.

He trabajado en una empresa de música genial a la que he visto tener que cerrar, he formado parte de un proyecto empresarial de biotecnología y, después de unos meses buscando trabajo, estoy trabajando para una multinacional de comercio en internet. He crecido como profesional y como persona, y estoy muy contento con el camino que he llevado. Ya veremos qué me depara el futuro. No quiero parar de crecer.

Me doy cuenta ahora de lo mucho (muchísimo) que he escrito en este blog a lo largo de los ya más de cinco años que tiene. Tantos poemas, tantas reflexiones y tanto contaros mi vida. Y cada año voy escribiendo menos aquí. También estoy usando cada vez menos mis redes sociales. Supongo que se deberá a que estoy dedicando mi vida a hacer otras cosas, pero ahora me da rabia. A ver si en 2018 me pongo de nuevo las pilas para contar por aquí mi vida, porque mirad la diferencia (aunque son con este ya 11 los posts de 2017):
Tener un blog personal mola si lo tienes actualizado, y escribir tan poco este año me da pena. También es cierto que parece que estoy abandonando otros de mis proyectos, aunque no sea así. En Indielocura he escrito sólo 20 posts este año. Mirad lo que escribí en años anteriores:
La diferencia es abismal, y como podéis ver, también ha ido decreciendo el tiempo que le dedicaba. No sé, sigo escuchando música, lo juro, pero algo hay en mí que no me da las ganas de seguir publicando en el blog de música. En Bibliolocura, en cambio, la cosa ha mejorado este año:
Como dije antes, este año he leído mucho, y sí he querido compartir mis lecturas. No como con las pelis que he visto, porque os aseguro que este año me he empapado de cine y, sin embargo, no he escrito prácticamente nada en Filmolocura:
No quiero abandonar estos proyectos. Quiero seguir con ellos, y seguir escribiendo, y seguir haciendo música, y seguir creando y creyendo en mí, y creciendo y viviendo. Intentaré manteneros al tanto de todo lo que voy haciendo. Pero no prometo nada.

Gracias, 2017, por haberme hecho crecer. Seguimos el camino el año que viene. Espero que sea a vuestro lado. Hasta nunca, hasta siempre.

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Adiós, 2016
Se va el 2015
Adiós, 2014, adiós

21 noviembre 2017

«Hasta que la muerte nos reúna», nuevo libro

Han pasado más de dos años desde que publiqué Uni-versos y no he parado de escribir. Algunos poemas los he ido subiendo al blog, otros los he guardado para una ocasión especial. Esta ocasión. Amigas, amigos, amigues, tengo una buena (o mala) noticia que daros: tengo nuevo libro. Se titulará Hasta que la muerte nos reúna y tengo el honor y el placer maravilloso de poder haberlo escrito a medias con mi queridísima Julia González.

Posible idea de portada

Se trata de un libro de poemas con oscuridad y luz, con luces y sombras, con bombillas y negras esquinas. Con ángeles y demonios, con bellas personas y monstruos. Con sentimiento, mucho sentimiento. Qué otra cosa puedo dar yo. Es también una historia de amor, de una amor que parece imposible.

Actualmente estamos buscando editorial, por si pudiera darse la suerte de que alguien quisiera publicar el libro. Si no lo conseguimos, volveré a optar por la autoedición. Si tienes una editorial o conoces a alguien que edite y tal y cual y le pueda interesar que Julia y yo estemos en su línea editorial, estoy abierto a recibir correos en quikedb@gmail.com las 24 horas del día, 7 días a la semana todos los días del año. Luego ya los leeré cuando pueda.

Estoy muy emocionado. Feliz. Qué ganas de que leáis esta nueva pequeña preciosidad que hemos hecho.

Sed felices. Y que lo parezca.

26 octubre 2017

Por qué no soporto las novelas románticas (aunque a veces me las trague como un hambriento)

No me gusta la narrativa romántica. No la soporto. No puedo con el romance ni con las novedades de la sección romántica de las editoriales. No aguanto el amor de otros pero, sin embargo, lo necesito para poder creer.

01 septiembre 2017

Soy minoría


No vengo a quejarme por ser minoría,
pero sabed que ojalá no lo fuera.

Soy minoría cuando busco el bien del otro,
cuando espero antes de precipitarme al vacío incierto,
cuando pregunto antes de dar algo por hecho,
soy minoría cuando intento ser sincero.

Soy minoría cuando te hablo de amor y no sexo,
cuando intento mejorar si me equivoco,
cuando pido perdón porque de verdad lo siento,
soy minoría cuando antes de hablar, pienso.

Soy minoría cuando miró más allá,
cuando busco otro camino,
cuando intento entender a los demás,
soy minoría cuando busco en cada persona la verdad.

Soy minoría cuando me importan los sentimientos,
cuando intento ayudarte aunque me cueste,
cuando me olvido de mí para pensar en el resto,
soy minoría cuando digo la verdad. No miento.

Pero es que nosotros, todos, somos minoría
y ojalá no lo fuéramos,
ojala saliéramos a la calle
y todos fueran parte de esto.

Soy minoría. También vosotros.
Ojalá no lo fuéramos.

19 agosto 2017

«Felicidad es maravillarse, felicidad es soñar»


Lo dice Edgar Allan Poe en su relato Morella. Y yo quiero ser feliz: quiero soñar, maravillarme. No sé si lo estoy haciendo bien. A veces vivo pesadillas. Dentro de mi cabeza, sí, pero despierto. Dicen algunos rumores que Poe se suicidó por depresión. He querido escribir «qué suerte», pero mejor no lo escribo. La vida y la muerte sólo se ven distintas desde cada uno de los puntos de vista, no desde el filo. No desde el límite.

Hay una carta en el buzón que dice que si te cortas un brazo y consigues no desangrarte te regalan un millón de euros. ¿Cuánto vale tu brazo? ¿Cuánto podrías arriesgar por dinero? ¿La vida? El sobre no va dirigido a ti. Va dirigido a tu pareja. Te dejó hace tres meses y te abandonó. Ahora vives sin querer vivir y no dejas de beber. Todas las noches, cuando vuelves a casa de tu trabajo de mierda a media jornada por el que cobras quinientos pavos. Te da para pagar el alquiler y para comprar alcohol barato. A veces compras también algo para comer, porque digamos que el cuerpo lo necesita, aunque tú no te des cuenta.

Quieres maravillarte, quieres soñar, y recurres a las drogas: es la vía fácil. Lo tienes todo controlado: setas, hierba, tripi, emedemeá, coca... Pero todo en su dosis adecuada, no hay que pasarse. Estás en el sótano de la casa de tus padres. Tienes 17 años y toda la vida por delante. Te fumas un porro que te sabe tan bien y te sube tan fácilmente (porque no has comido nada en todo el día y son las ocho de la tarde) que empiezas a volar. No te das cuenta de cuándo te terminas el porro, pero de pronto te encuentras en el suelo, con la mente maravillada, mirando la colilla como si fuera lo más precioso que has visto jamás. A duras penas te levantas y vas a la vieja mesa. Te haces una raya. Preparas la nariz y te das un viaje. Sientes que te caes al suelo, pero te mantienes en pie sin saber cómo. Empiezas a reír, aunque nada te hace gracia. Pasan las horas y no sabes lo que has estado haciendo, pero tampoco parece que hayas hecho mucho. Ya no está el cuadro de tu madre en la pared, pero no te preocupa demasiado. Quieres probar el LSD, pero te dices que vas demasiado hasta arriba y que te puede sentar mal, así que vas a por las setas. Piensas en Edgar Allan Poe. Piensas en tu soledad y en tu mierda de trabajo. De pronto no estás en casa de tus padres porque no tienes 17 años, sino que vuelves a tener tu edad y estás sobre el váter de tu baño, con un charco de vómito a tu alrededor. Huele mal.

Se enciende la luz y despiertas de golpe. Un grito ensordecedor suena a tu alrededor y miras a todas partes. Necesitas que pare, pero no sabes que está dentro de tu cabeza. Saltas de la cama y corres en pelotas por la habitación buscando de dónde procede ese horrible grito. No debería haber nadie gritando porque no hay nadie en casa. No hay nadie. No estás tú.

El centro psiquiátrico no abre sus puertas los domingos, por favor, vengan a comprar sus entradas mañana. Tenemos un dos por uno si compran las entradas por internet y los menores de 12 años entran gratis. Es obligatorio que vengan acompañados de su mascota o su tutor legal.

Son las tres de la mañana y no tienes nombre. Sabes que no tienes nombre, pero no sabes por qué. Recuerdas cuál era tu nombre, pero sabes a ciencia cierta que ahora ya no lo tienes. Intentas llamarte, pero no sabes cómo. ¿Mary? ¿Edgar? Nadie contesta. Por lo menos ya no hay ningún grito en tu cabeza. No estás ya en soledad, están contigo los fantasmas. Los fantasmas con los que llevas toda la vida hablando. Esa amiga imaginaria a la que acabaste matando por envidia, ese amigo imaginario que se voló los sesos con una pistola imaginaria mientras tú estabas en la ducha y no le prestabas atención. Esos y todos los demás fantasmas te acompañan. Silencio. No tienes nombre, pero sigues conservando la vida.

Suena Beethoven. Te gusta la música. Te preguntas si te gusta la música. Te preguntas si te gusta respirar. Tienes hambre, pero no tienes comida. Piensas en comerte los dedos. Hace un frío horrible en esta montaña. Nadie va a venir a rescatarte. Piensas que si empiezas por los de los pies, que se te congelarán los primeros, podrás aguantar un par de días más. Quizá ya estés en la tumba y esto lo estés soñando. Quizá te han enterrado con vida.

Nadie que se haya suicidado ha demostrado arrepentimiento después. Sólo se han arrepentido los que no lo han logrado: los fracasados. Has venido a maravillarte, has venido a soñar.

Ha llegado a su destino, se oye por los altavoces. Le damos la bienvenida a FELICIDAD.

02 junio 2017

Cómo ser un creador de contenido online


Me llamaron Creador de contenido y me pidieron que creara contenido. Eso era, ni más ni menos, lo que tenía que hacer: crear contenido. Pero ¿cómo se crea contenido? ¿Qué es crear? ¿Qué tipo de contenido se crea?
El contenido no se crea ni se destruye, se contiene. Lo dice su propio nombre. Es evidente. Entonces, crear contenido es crear algo que se contiene. Algo que contiene una web. Es, al fin y al cabo, rellenar. Me dijeron, por tanto, que rellenara webs.
Imagina un mundo vacío, desértico, donde no hay nada. No hay ni siquiera horizonte. Ni cielo ni suelo: nada. Eso es la web vacía. Una web sin contenido. Es raro que alguien quiera estar ahí, pues se aburrirá con total seguridad. No puedes hacer nada. Diréis que para los vagos es un buen lugar, pero os equivocaréis. No se puede ni dormir en un sitio donde no hay nada. 
Aquí aparezco yo entonces, como una mano invisible que pudo aparecer por la cabeza de un tal Adam Smith. Aparezco yo sobre la nada, bajo la nada, entre la nada, a los lados de la nada. No hay nada más que yo, el creador de contenido. La web ya no es sólo una web: ahora tiene un creador de contenido que la rellene, para ser contenedora de algo: de contenido.
Entonces decido el negro como fondo, y es que aparece una paleta de colores. Y elijo el negro, negro noche, negro muerte, negro como mi pequeño corazoncito. Negro como mi alma. Ups, qué estás haciendo. Estoy creando contenido. Conteniendo el negro en esta nueva web. Pero queda un negro aburrido, solo negro, triste negro. Hace falta algo más. Algo divertido. Algún animal. Y como el homo sapiens está muy visto, añadamos un mono. Vamos a añadir también una cuerda. El mono se pone a saltar a la comba, y ya hemos creado contenido que vale la pena, porque un mono que salta a la comba es algo que se puede contener en una web. No se puede poseer, o no se debe, dado que no estoy a favor de la posesión de animales. Son libres, o deberían serlo, y no debemos sentirnos superiores a ellos. Un mono salta a la comba por decisión propia en nuestra web. Ya tenemos contenido y no podemos estar más contentos. Añadimos una barra superior en la web, es más contenido, es contenido para contener, un contenedor de páginas, un menú. Como el de tu restaurante vegano favorito. El mono ya no salta a la comba. Le has dejado de prestar atención y no sabías que era un mono depresivo y con tendencias suicidas. Necesitaba terapia, pero nunca quiso decírselo a nadie. Ahora su cadáver cuelga inerte de la cuerda, balanceándose un poco. Se ha ahorcado. Hay cosas peores, no te preocupes. La vida para él quizá lo fuera. Ser contenido no es fácil. Tener una barra superior tiene sus peligros.
El cadáver del mono cuelga y también lo empiezan a hacer palabras, sueltas, que se deslizan lateralmente, horizontan nuestra visión del contenedor y se debilitan lentamente hasta quedarse sin energía: no tienen suficiente glucosa y pueden morirse al marearse, quedar en coma. Hipoglucemia. Cuerpos cetónicos. Hemoglobina. VCM (volumen celular medio o volumen corpuscular medio). La muerte es un concepto básico en el que influyen diversos factores. Un mono muerto, una vena obstruida, una vida limitada: todo es contenido.
He venido aquí a dar cobijo. A cuidar algo que no deseo, a proteger lo sucio, a salvar una especie que es la mía y que es terror. Únete al VHEMT. Vehement. Vehemente. Del lat. vehĕmens, -entis. 1. adj. Que tiene una fuerza impetuosa. Deja de tener hijos, no perpetúes esta especie que sólo mata. 2. adj. Ardiente y lleno de pasión. Ten pasión ardiente pero antes protégete de la reproducción. O no tengas esa pasión veneno. Cáncer. SIDA. Contenido. 3. adj. Dicho de una persona: Que obra de forma irreflexiva, dejándose llevar por los impulsos. Para. Respira. Reflexiona. Tú no mereces esto.
Cobijo a los que no lo merecen, muerte para los débiles; ¿es eso lo que queremos?
Somos una web negra en la que cuelga el cadáver de una humanidad suicida. Somos un bote de pastillas para dormir, la tráquea obstruida de un ahogado, somos un matadero lleno de música pop comercial japonesa.
¿Qué es crear? ¿Quién eres tú para preguntarlo? La lucha nunca será la solución, El amor es difícil de encontrar y te conformas con copias baratas. Falsificaciones. Mentiras. Y sigues llorando. Aparece una luz en el negro de esta web. Aparece el color. Siempre hay espacio para el color. Movimiento. Imagen, todo es contenido si se puede contener. Un vídeo de YouTube. Una canción en mp3, tu grupo ruso favorito de primeros de los años dos mil. Una foto de tu mascota, aunque sea una piedra. La quieres. Nombre, biografía, foto de perfil. Una noticia de cualquier periódico. Un periódico online para los magos y brujas que estudian en Hogwarts. La cuenta de tu banco. Todo es contenido, todo es baldío, todo es pasado.
No somos una película romántica porque no existimos y, aún así, seguimos doliendo por dentro. El cadáver en descomposición de este mono que es la vida cuelga de una tensa cuerda en nuestra web. Ya sabes cómo ser creador de contenido. Ahora, simplemente, vuelve a tu madriguera y púdrete entre tus desgracias. No merece la pena seguir luchando. No hay esperanza.