08 mayo 2014

Dormirte (poema)

En mitad de la noche me han entrado ganas de quererte,
de estar tumbado a tu lado
viendo cómo respiras en sueños,
de hacer un tirabuzón con un mechón de tu pelo,
de acariciar tu mejilla muy despacito
para no despertarte.

Me han entrado ganas de meterme bajo tus sábanas
y de decirte "estoy aquí, preciosa",
de suplicarte al oído que no te despiertes
porque no hay nada en el mundo más bonito que verte dormir,
que sentirte dormir a mi lado.

No te despiertes hasta que sea estrictamente necesario
y, cuando lo hagas,
no te asustes por el beso que te plantaré en los labios.

Sólo siente.

Quike D-B

06 mayo 2014

Desrecuerdos (poema)

Llévate un mundo contigo,
puedes empezar por el final.
Quédate el primer gemido
cuando nos dejamos de mirar.
Davile Matellán 
No sé cómo empezar este poema
y es que se me ha olvidado cómo era eso de
quererte.
Te llevaste mi mundo contigo
empezando por el final
y ya no me queda ni el recuerdo
de lo que era quererte.
La verdad es que nunca tuve buena memoria.

Voy en el metro.
La gente no tiene ni idea de lo extraño que es
querer recordar lo que sentía
a tu lado
y no recordarlo.
Ellos viven sus tristes vidas
sin importarles que ahora voy
sin banda sonora
por la vida.
Tu risa era mi banda sonora.
Ya no recuerdo cómo te reías.

Quizá sea mejor estar solos
o tú con ése
o con el siguiente
o con otro más.
Yo solo,
sólo con tus fotos del Facebook.
Da igual,
tengo más de doscientos amigos.

Se me ha olvidado ya cómo te miraba
pero debía de ser lo más patético del mundo.
Se me ha olvidado el tacto de tus manos
pero seguro que era lo más suave del mundo.
Y se me ha olvidado todo,
cómo me mirabas,
cómo te abrazaba,
cómo nos queríamos
si es que alguna vez lo hemos hecho.

No voy a recordar ya nunca tu sonrisa
porque te la has llevado contigo.
No vendrán tus palabras a mi mente
porque ya se me ha olvidado qué era eso que siempre repetías
y que tanto me gustaba.
Ya no quedan los recuerdos,
sólo quedan desrecuerdos,
antiacordarse de ti todas las mañanas.

Quedarán las fotos.
Quedarán los mensajes
en las redes sociales.
Quedarán las cartas que te escribí
y que nunca te envié.
Quedará lo que tú puedas recordar.
A mí, sin ti, ya no me queda nada.

Quike D-B

22 abril 2014

Underground stories (5)

-Un escritor sin inspiración es como una madre sin su hijo -dijo él.
-¿Cómo lo sabes? Si nunca has sido madre -comentó ella.
Estaban en el metro. Línea 1 dirección Valdecarros. Eran las ocho y media de la tarde de un lunes cualquiera. Acababan de pasar Ríos Rosas. Eran dos desconocidos que hablaban en el metro. Él era escritor, ella madre soltera. Estaban hechos el uno para el otro.
-Porque sé que es como si te quitaran tu único motivo para vivir.
El tren iba bastante lleno, pero a ellos no parecía importarles. Estaban suficientemente separados el uno del otro como para que la situación no fuera demasiado incómoda. Al fin y al cabo, se acababan de conocer.
-No será para tanto. Seguro que sería peor que alguien te robara tu libro y lo publicara y vendiera miles de ejemplares. Además, ¿no os pasa a todos eso de perder la inspiración?
Él rio.
-Sí que jodería mucho que me robaran mi obra y la publicaran, pero lo de la inspiración es distinto.
Calló durante un instante. "Próxima estación: Iglesia", se oyó por los altavoces.
-Perder la inspiración es como estar sin aire. Una mente creativa colapsada es como un infarto cerebral. Puedes estar meses en coma.
-Eres muy drástico. Aunque quizá sea cosa de los escritores.
Él se encogió de hombros. Ella le miró a los ojos. El tren se detuvo. Bajaron algunos viajeros, subieron otros. Hubo silencio.
-¿Y en qué estás trabajando últimamente? -preguntó ella, rompiendo el silencio-. ¿Un nuevo best seller?
Él sonrió ante aquel comentario.
-Me quedé a medias con la mayor obra maestra que el mundo haya visto.
-Oh... ¿Estás en uno de esos... momentos sin inspiración?
Él asintió con la cabeza. Una señora pasó a su lado. "Próxima estación: Bilbao. Correspondencia con: Línea cuatro".
Sonrió de nuevo. Una sombra iluminó su rostro*.
-Mi inspiración se fue hace dos meses, una semana y tres días. Hace setenta y un días se marchó y sólo me dejó su aroma en las sábanas, el recuerdo en la mente y un vacío en el alma. Setenta y un días de colapso, sin escribir una sola palabra. Sólo poner los dedos en el teclado del ordenador genera un silencio inmenso en el rincón creativo de mi cerebro.
Ella asintió, comprendiendo de pronto la situación.
-¿Cómo se llamaba?
-Alicia. Se llamaba Alicia.
Una sonrisa se formó en la cara de ella. Una sonrisa insospechada.
-¿Sabes? Yo también me llamo Alicia.
"Próxima estación: Tribunal. Correspondencia con: Línea diez".
-Yo soy Diego. Bueno, o lo fui. Ahora no soy nadie -dijo él-. Por cierto, ¿dónde te bajas? -añadió.
-Voy hasta Sol. ¿Tú?
-Gran Vía.
Silencio. Se paró el tren, se abrieron las puertas; entraron unos, bajaron otros.
-¿Cómo se llama? -preguntó él.
Ella le miró sin entender.
-Me has dicho que tienes un hijo. ¿Cómo se llama?
-Diego -dijo ella con una sonrisa-. Se llama Diego.


*Las sombras, además de oscurecer, en algunas ocasiones pueden iluminar, aunque se hayan documentado muy pocos casos. Para más información, consúltese Luces y sombras: un viaje a la iluminación del ser, de L. K. Simpson, 1936.

03 abril 2014

Cover de Happy, de Pharrell Williams, para #HAPPYPROYECT

#HAPPYPROYECT es un proyecto comenzado por Lara Morello con el objetivo de transmitir felicidad. La idea consiste en grabarse con la canción Happy, de Pharrel Williams, en un vídeo corto, para unir varios en una recopilación. Yo he querido participar en este improvisado y feliz proyecto aportando mi granito de arena, con esta versión propia de la canción. Aunque he destrozado la canción, yo estoy muy happy.



Todo lo relacionado a este proyecto lo puedes encontrar en este enlace.

¡Un saludo!

02 abril 2014

Otro poema sobre la lluvia y nosotros

Llueve
para echarte de menos
y se me arrugan las lágrimas
cada vez que miro tus manos.
Agárrate fuerte,
atrévete a intentarlo.

Habríamos sido más listos
que nadie
con nuestros paraguas de helados
y chocolates
y no con esas sonrisas tontas
de whisky barato
o ginebra maldita.
Qué tristes éramos.

Llovía
y te echo de menos
porque las circunstancias
son tan traicioneras
como mis miedos
y tus prisas
y tanta poesía entre tu pelo.

Prometo no enamorarme en una noche de lluvia.
Nunca más.
Porque prefiero el sol del día
a las nubes grises de la noche
(aunque tu noche fuera mi favorita).
Qué precioso tu pelo mojado.

No te van a engañar mis lágrimas esta noche
porque son tan sinceras que es difícil
(imposible)
confundirlas con la lluvia.
Y mira que yo confundí mil veces
tus lágrimas sin paraguas
con tormentas.

Escribo demasiado sobre nosotros y la lluvia
y es que el cielo la ha tomado con nosotros.
Nos quiere aguar todas las fiestas
y las zapatillas
y no podemos hacer nada para evitarlo.

Este es otro poema sobre la lluvia y nosotros
porque somos tan resbaladizos
y tan transparentes
y a veces tan inoportunos
que no sé
ni tú sabes
ni nadie sabe
cómo terminar este verso.
O esta estrofa.

Y la lluvia me recuerda a tus manos
y tus manos entre las mías
y nuestros sueños dentro,
protegidos,
para no mojarse con nuestras palabras
y nuestras tonterías.

Esas manos frías como la lluvia en invierno,
un invierno de 365 días
excepto en los años bisiestos,
a los que regalamos una lágrima más,
por si acaso.
No pasa nada por llorar si nadie se entera.

Dirás que soy un exagerado
y no tienes ni puta idea de cuánta razón tienes.
Pero más exagerados eran tus ojos
y tus labios.
Tus labios exageraban tanto que casi dolía no besarlos.

Quizás me arrepienta de decírtelo,
pero te quedaba tan bien la lluvia
sobre los párpados
que me da miedo volver a imaginarte
sin sentido
con sentimiento.

Te quedaba tan bien la lluvia
que tu piel
sin ella
parece desnuda
aunque lleves mil abrigos
en el más frío de los inviernos.
La lluvia era tu mejor vestido.

Y así me van saliendo los versos en pasado
sin pensar en un futuro juntos,
sin pensar en noches-paraguas
ni en aromas-resplandor
ni el luces adolescentes
ni en sorpresas a piel de flor.
El futuro no puede recordarnos.

Y sigue lloviendo
y sigo echándote de menos
y, por qué engañarte,
la máquina hace tiempo que dejó de trabajar
y ya no crea ficciones bajo la lluvia.
Ya no le quedan fuerzas a los sueños
para inventarnos bajo las nubes.

Sin embargo,
no encuentro el momento para acabar este poema,
para decirte sí,
vámonos al fin del mundo,
que aquí se nos han acabado las tormentas.

No encuentro el momento porque quizás se haya ido
por el desagüe de los sueños perdidos,
donde las vidas se besan y olvidan
tan rápido que acordarse está prohibido
bajo pena de pena constante.
A quién se le ocurriría.

Toda esta lluvia no cabe en palabras
y yo intentando condensarla,
condensarte
y condensarnos
en unos pocos versos que se llevará el viento.
Así que coge el vaso
y bébete la cerveza
que ya es hora de volver a empaparnos
bajo nuestra lluvia.

Por favor, olvídate el paraguas.

Quike D-B

29 marzo 2014

El reloj de tus ojos (poema)

Hace tiempo que no te escribo
y se me están caducando las palabras,
pero cada día que pasa te pienso más
y cada noche que pierdo te sueño más intensamente.
No he dejado de mirarte
cada vez que cierro los ojos.
No he dejado de esperarte
cada vez que me pregunto la hora.
Qué hora será en el reloj de tus ojos.

Cada día te necesito más
y sigo sin saber quién eres.
Todos dicen que cuando menos me lo espere
aparecerás
y todo irá sobre ruedas.
Y te espero
pero
no paro.

Deja que sea mi bici la que vaya sobre ruedas
y dame la mano para volar juntos
hasta la luna.
Vamos tan alto que nos duelan los sueños.
Vamos tan lejos que se curven los cuentos.

Seamos las letras de un cuento de hadas.
Negro sobre el blanco de mil sábanas mágicas.
Sueña que tú y yo somos un sueño
en la mente más enamorada del mundo.

Tengo que bajar a la tierra,
pisar el suelo con los pies
descalzos,
tocar la arena,
oler tu pelo
y no perderme en tus encantos.

Tanta fantasía me está convirtiendo en humo
y cada vez me parezco más al viento,
que voy pasando
y no pasa nada.
Y así estamos.
Tan separados.

Hoy vuelvo a escribirte porque sé que existes
en alguna parte
luciendo una sonrisa
de mil pares de soles.

Hoy te escribo para no olvidarte.
Para que no nos olvidemos
de que algún día
nos querremos.

Y nunca será demasiado tarde
en el reloj de tus ojos.

Quike D-B

03 marzo 2014

Yo creo en las hadas

Yo no creo en horóscopos, pero hoy Bella, del blog literario Soñadores de Libros, ha publicado su horóscopo literario del mes de marzo y me ha hecho mucha gracia. Así que he decidido grabar un vídeo como respuesta a ese vídeo. Mirad, aquí os dejo el horóscopo literario. Yo soy Leo.



Y después de que hayáis visto el horóscopo literario de este mes, os dejo mi vídeo. Sí, es una chorrada. Pero me ha hecho gracia hacerlo.



Espero que os haya parecido curioso, al menos.
¡Un saludo!

01 marzo 2014

Tres colores (relato)

El azul, el verde y el naranja fueron los culpables. El azul de esos ojos grandes, el verde de esa chaqueta y el naranja de su pelo, liso, suave, que parecía estar hecho de fuego.
Nunca he entendido por qué se les llama "pelirrojos" a los que tienen el pelo naranja. Deberían ser "pelinaranjas", aunque eso pudiera parecer alguna clase de fruta.
Era aún por la tarde y el cielo estaba azul, sin nubes, abierto al sol y su calor. Una suave brisa mecía las verdes hojas de los árboles. Ya se acercaba la primavera y estaba todo verde y hermoso. Azul y verde: sólo faltaba el naranja.
Habría sido una tontería bajar a dar un paseo por el Retiro si no hubiera aparecido ella. Mira que me cuesta hablar con desconocidos, pero con ella fue diferente. Fue como si nos conociéramos desde siempre, desde antes incluso de haber nacido. Ahora me doy cuenta de que en realidad, siempre había sabido que una pelirroja marcaría la diferencia entre un sí y un tal vez, que sería esa fina línea que separa la seguridad y el precipicio. Ahora sé que el destino fue quien me hizo querer salir a despejarme en el parque después de un par de horas de estudio.
Estaba sentada en un banco. El naranja resaltaba sobre el verde de su chaqueta. Leía. Eso era una buena señal. No sé por qué me paré para mirarla, en lugar de seguir caminando, pero el caso es que ella levantó su mirada y me sonrió desde esos ojos azules. Luego siguió leyendo mientras jugueteaba con el pelo con una mano.
No os engañaría si os dijera que en ese momento ya me había ganado. Me quedé ahí, pasmado, mirándola. Debió parecerle incómodo porque volvió a levantar la mirada y puso el marcapáginas en el libro antes de cerrarlo.
-¿Qué pasa? -me dijo con una sonrisa que podría derretir inviernos.
Fue un "qué pasa" sincero, de buenas, amable. Un "qué pasa" interesado, algo frágil pero decidido.
Me acerqué y le respondí con otra pregunta, también sonriendo.
-¿Qué lees?
Hay una gran diferencia entre las chicas que leen y las que no leen, pero hay una clase de chicas que queda aparte de toda clasificación: las que leen poesía. Si cada chica es un mundo, las que leen poesía son galaxias, universos. Pueden ser lo mejor o lo peor que te ocurra en la vida, pero nunca serán nada intermedio, nunca un término medio. Estaba leyendo a Diego Ojeda, pero habría dado lo mismo que estuviera leyendo a Bécquer, Machado o a Lorca.
Y empezamos a hablar de poesía, que es la mejor manera de empezar a hablar. Hablamos de Algeet, de Salem, de Batania, Marwan y algunos poetas más que rellenan el mundo con sus palabras. Ella me invitó a leerle alguno de mis poemas y no pude evitar hacerlo a pesar de que mi mente no dejaba de negarse. Nada podía hacer para desobedecer a esos labios.
Ella también escribía. Lo hacía a escondidas, en un pequeño cuaderno que no enseñaba a nadie. No sé por qué me lo contó, forma parte de la magia de las confidencias. No me dijo qué escribía, pero a mí me bastaba con leerle los labios y la mirada, no hay poema que pueda compararse con esos ojos.
Y eso fue sólo el principio. Volvimos a quedar, le invité primero a un café, más tarde a una comida, unas semanas después fuimos a cenar juntos y no me dejó pagar porque quería enseñarme el significado de la palabra justicia. Y hablamos del corazón, y nuestros corazones se iban abriendo, mostrándose el uno al otro, uniéndose de una forma que no puedo expresar hasta que se convirtieron en uno solo mucho más grande y mucho más fuerte.
Y llegaron los besos y todo lo demás aunque sólo forman parte de este texto en el que todo puede derrumbarse en el último momento. Porque nuestras vidas son en realidad como dos poemas y no todos los poemas pueden leerse juntos. Las palabras empezaron a cambiar entre nosotros y a cambiarnos y dejamos de vernos, no sabemos por qué, sólo que cada vez nos echábamos menos de menos. Y de menos en menos quedó nada. Y aquí estamos. Recordando el azul de sus ojos y el verde de su sangre y el naranja de su pelo. Y todo lo que soñé en tres colores y que se ha perdido en blanco y negro.

21 febrero 2014

Videopoema 21 - Organismos

¡Hola! Hoy comparto en el blog el videopoema de Organismos, que lo subí a mi canal de Youtube hace unos días pero se me olvidó publicarlo aquí. Espero que os guste.



¡Un saludo!

11 febrero 2014

Tu voz en una noche fría (poema a Virginia Labuat)

Nunca antes había publicado un poema dedicado en público. Y aunque dicen que las primeras veces nunca son bonitas, ésta lo es.

Tu voz en una noche fría

(A Virginia Labuat)

Ésta es una noche fría,
de corazón helado
y manos en los bolsillos.

Ésta es una noche de amor lejano,
de enamorarse de una voz.
De estar por una voz
por una vez
atrapado.

Una noche de Night & Day
sonando en bucle.
Una noche de voz extrapolada,
de magia del blues, del swing,
de labios, ojos y espalda.
Si alguna vez la música quiso tener voz
estoy seguro de que eligió la suya.

Hace frío y las palabras
me arden en los oídos desde los auriculares.
El aire huele a esa mirada
tan preciosa que no cabe en ninguna foto.

Próxima estación: Plaza de tus labios.
Correspondencia con: Líneas Magia y Amor (a partes iguales).

Para que luego nos quejemos del transporte público.
Lo que pasa es que falta el calor
de una voz adecuada.

Spotify, el mejor amigo del hombre.
Música contigo en todas partes.
¿A quién le importa el frío?

He aprendido a perderme en una mirada a través de la música.

Este poema nunca será perfecto.
Acompáñese con una cerveza
o un whisky
o un beso.
Igual algo de eso lo mejora un poco.

Yo pensaba que era fácil
hablar de música.
De lo que es tan difícil hablar
es de la perfección hecha canciones.

De luces en forma de acordes.
De curvas de sonrisas en un tono de voz.
De tanto
que no sé por qué me molesto en intentarlo.

Todo puedo resumirlo así:

GRACIAS

(por el calor.)