05 julio 2017

De las cosas pequeñas


Ya no soy la histeria del que quiere ser cadáver,
soy un alma que quiere volar distancias imposibles
hacia cielos con miles de estrellas
y ver en cada una de ellas el brillo de unos ojos que no conoce.

Soy el ansia, no el hastío, del que busca;
soy la esperanza del que espera, no el cansancio,
no el hartazgo, no la impaciencia;
soy la calma paz del que sabe que algo llega.

Soy el resultado de todas las cosas pequeñas que hago.
De todas las cosas pequeñas que digo.
De todas las cosas pequeñas que pienso.
De todas las cosas pequeñas que siento.

Soy cada una de las notas que pasan por mi cabeza,
el fluir de las palabras que no cesa,
la interminable apuesta por lo imposible,
el acierto inesperado de lo improbable.

La magia está en lo pequeño (y eso es algo que sabe cualquier mago).
No me siento ya cadáver, tampoco cuerpo en vida:
soy alma. Soy esencia. Soy uno con todo.
Con todos. Somos.

Somos pequeños y formamos algo grande,
juntos, en la misma dirección;
la misma sonrisa sincera que saluda,
que da las buenas noches antes de despedirse.

Ya no será la muerte quien me salve:
ahora lo serán las miradas que confían,
los abrazos que se entregan,
cada forma de darme entero al mundo.

Ya no será la muerte quien nos guíe:
serán nuestros dedos señalando al cielo,
nuestros ojos que se miran esperanzados,
cada forma de estar juntos un instante.

Y así, seremos el vuelo imposible de la mano,
el viaje al infinito en nuestros mundos;
reinaremos en castillos irreales,
buscaremos la realidad siendo plebeyos de nosotros mismos.

Sin miedo a despedirnos ni al reencuentro
vivamos en este universo nuestro de cometas
para llegar juntos algún día a conocer
del todo
quiénes somos.

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