16 enero 2017

Volver a ser


Destrozo mis dedos en sangrientos muñones
y me hago espíritu silvestre,
me hago cuerpo putrefacto en dos semanas,
me hago alimento de bestias del bosque,
me fundo con la tierra en cenizas,
vuelvo a nacer esencia.

Vuelvo a vivir con los animales del hábitat,
a ser porque sé que somos,
a comer carroña con el lobo solitario,
a esconderme, débil, con el zorro pelirrojo,
mentiroso,
y soy, por primera vez, mi propia víctima.
Ojalá por primera vez.

Aúllo a la luna y amo a la noche
y soy de nuevo libre en la espesura.
Me diluyo entre las sombras,
destruido y abierto,
soy todo yo una herida que alimenta a los roedores que viven de la muerte.
Soy el pasto y las vísceras,
soy un nuevo manjar sabroso.

Escribo y muero,
me deshago en letras, hierbas y raíces,
dejo de echar de menos.
Dejo de ser para ser ellos.
Soy todos de nuevo.
Soy la sangre. La carne. El fuego.

Porque no puedo vivir inerte,
no quiero sólo darme,
deseo darme y recibirme,
vivirme con vosotros,
aunque sea muerto.
Pero que sea adrede.
Darme porque yo también me quiero.

Y como el lobo solitario,
como el buitre carroñero,
como los queridos gusanos a los que doy cobijo,
quiero yo también saber vivirme estando muerto.
Aprovechar, siendo alma, con ellos mi cuerpo.

Me he desvivido tantas veces
por deseos imposibles que ya no siento
que nutrirme de mis carnes
espero que sea mejor que sostener mis huesos.
Que sentir que soy de otros no me haga sentirme desperdicio.

Soy esencia, soy el bosque, sé que vuelo.
Floto entre los árboles,
vivo entre raíces,
escupo mis miserias que dejan ya de ser tristes.
Estoy contigo porque estoy en todas partes.
Ven al bosque.
Soy camino.

Ven y vívete conmigo y seamos juntos el follaje,
que nuestra cama sean espinos
y nuestra madrugada sea salvaje;
vamos a despedirnos
y que, por una vez,
sea de verdad para siempre.