17 diciembre 2016

Soy pero no quiero

Tengo una espina clavada en las entrañas,
una flor creciendo en cada cuenca de los ojos,
una cena de empresa atragantada en mil polvorones.
Tengo las gracias dadas por mil cigarros que me han dado
alojadas
en un por ejemplo que me deja muerto.
Sentado aquí, si quieres.
Una risa, por favor,
que se esconde en un "¿me estás vacilando?"
oculto en un "¿qué te cuentas?".
Olvídate de estar a todo.
No has perdido la cartera todavía.
No has perdido la esperanza.
Ni la noción del tiempo.
Respira.
Eres uno.
Uno entre tantos.
Entre tontos.
Un tonto más que se deja llevar por saber el sabor de unos labios.
Por favor.
Por cierto.
Por qué no.
Dime que no miras a la cara a las circunstancias,
que llevas queriendo estar muerto desde hace ocho años,
que no te has cortado las venas lo suficiente.
Dime que te pierdes por perderte entre sus brazos y que no hay manera.
No hay forma de ser tú.
¿Qué íbamos a hacer?
¿Qué queremos?
Una vez al año no hace daño.
La Navidad es comer animales muertos.
No quieres tocar unas manos que no son las suyas.
No la echas de menos pero te hace falta.
No llores.
No grites.
Disimula.
Eso es todo.
No ser, parecer, ocultarse.
Ser yo es tan difícil que soy otros porque ser yo me dolería demasiado.
Vuela alto, lejos,
y déjate caer.
Que te vean.
Morir nunca fue tan divertido.
Estaba bien.
Como si hubieran pasado veinte años.
Como si estuvieras igual,
un jubilado más que no sabe qué hacer,
que cuenta historias de reinas muertas.
Lo único que no puedes ocultar es tu mirada.
Te delata como un cascabel que no sabes leer.
Empieza a agobiarte.
A ser tú de nuevo.
Intentas no ser, pero eres,
porque ella, fuerte, sigue sin existir.
No llores.
O disimula.
El dolor es tu enemigo y te ha ganado.
No quieres ser pero desaparecer es imposible.
Sueñas con la playa de Canarias y duele.
Sal, déjate morir a versos y descansa,
que los besos son para otro y tú no tienes nada de lo que arrepentirte.

Quike D-B

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