21 diciembre 2016

Apretar mucho los dientes cuando duermes


El desdén de una mirada que ya no muerde
-dulcemente-,
la experiencia inexacta de no tenerse a uno mismo,
una
                 rata
                                   muerta
que no deja pasar el agua por el sumidero.
Que no deja fluir las lágrimas,
que sigue mordiendo y contagiando,
una rata que es veneno dolor muerte.
Volver a ser uno sin idilios ni aviones de papel,
agarrar las manos en el abrazo,
soñar que seguimos soñando.
Volar en alfombras que son raíces.

La estufa fría del dolor y la amargura
se pudre en el fango sórdido de tus pupilas tristes.
El llanto es ahora lodo, la cara es barro,
la sonrisa es mierda.
Somos curiosos incluso cuando no queremos querernos.

Amar es dar lo que no tenemos incluso cuando no tenemos nada.
Amar es apuñalarse y tragar la sangre.
El amor y la muerte se parecen demasiado.
Demasiado a verte y no tocarte
por miedo a abrasarme las manos.
Huele a podrido y no son mis sueños:
son tus pestañas que, preciosas,
aletean mágicamente como murciélagos chupasangre.
Mariposas negras que arrancan la piel a mordiscos.
Qué bonitas tus pestañas cuando miras al sol y se derriten.

Eres tan bonita que ojalá me dieran uno de tus huesos cuando mueras.
Un fémur tuyo sería mi nuevo amor platónico
en un plato de lentejas frías.
Quisiera ser árbol para hacer raíces en tu estómago y vivir en tu vientre.
Nacer de tus cenizas como si fuera un fénix.
Volar a nado tus cicatrices que se vuelven heridas abiertas.
Tragar tu sangre en arcadas de amor verdadero.

Si no te he soñado todavía es porque serías la pesadilla más bonita del mundo.
Porque me da terror despertar y que haga tanto frío
que tenga que taparme hasta la cabeza con la manta.
Ya es invierno y te estás volviendo escarcha.
Escárchate conmigo si te atreves.

Seamos muérdago creciendo entre las ruinas de un cementerio.
Veamos películas de Tim Burton agarrados de los pies.
Fumemos hasta convertirnos en la nueva foto de las cajetillas de tabaco.
Fumar mata. Vivir también.
Mátame, que quiero vivirte y no sé cómo se hace.

Contemos hasta diez las gotas de sangre y volvamos
la cabeza
hasta ahorcar los miedos.
Aráñame con tus dedos carámbanos de hielo
mientras me dices que me quieres así,
muerto y triste.

Muerto y frío.

Muerto y muerto.

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